Presentación
Francis Picabia dijo: “La cabeza es redonda para que así
las ideas puedan cambiar de dirección”. En esta Opera
Prima, como en casi todos los debuts artísticos, se
pretende embutir todas las ideas que, a los veintiún años,
rebosan de la cabeza despeinada del artista cachorro. Múltiples
influencias, conscientemente indisimuladas, se adivinan en estos
trabajos frescos y pretenciosos, inocentes y osados, sencillos
y calidoscópicos. La obra sobre papel iba acompañada
de un mural sobre tela de ocho metros por uno y medio del cual
sólo queda algún fragmento y una mala fotografía.
Muchas veces he creído, víctima momentánea
de lo que podríamos llamar el Síndrome de Welles-Kane,
que toda mi creación está atrapada en esos primigenios
garabatos y collages. De hecho, cuando, a la hora de zarpar hacia
nuevas e inciertas direcciones, echo un vistazo a las viejas fotos
de mi amnesiario personal, es en “Lovecraft a Hollywood”
donde me reconozco a mí mismo más nítidamente.
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